Cuando discutimos me di cuenta que lo quiero mucho. Sólo de esa forma me di cuenta de lo bien que le hace a mis tardes en este edificio. Cuando me iba a casa tras la discusión, con una mezcla de sensaciones que se peleaban por decidir cuál dominaba al resto, fue que lo noté. Yo estaba preocupada porque nunca habíamos peleado y desconocía sus reacciones, quizás al otro día ya no quería verme más, ni compartir un mate ni un cigarro ni nada de nada. O tal vez al otro día, con algún comentario nacido para romper el hielo todo volviera a su justo lugar, pero no lo sabía, no había certezas. Me preocupé tanto tanto que pensé en faltar a clase, pero después me acordé que no puedo escaparle a los problemas, que siempre es peor, que terminan volviendo de una u otra manera, que tarde o temprano hay que enfrentarlos y que si pateás a uno de ellos, luego dos de ellos se te cargan a la espalda, más pesados que el primero. Recordé todo eso y fui. Bondi, caminata, subte, caminata, puerta del joaquín Camila ¿y ahora de qué te disfrazás? Eché un vistazo. Ahí estaban mis compañeros, me acerqué y sentí un poco de tensión al saludarlo. Me escabullí entre unos personajes para evitarnos el disgusto de estar juntos y mirar hacia lados opuestos. Se hizo la hora de cursar y subí a ponerle el pecho a la bala. Creo que me lo crucé algunas veces en la escalera y ambos estábamos incómodos.. o tristes. Yo estaba triste, no me gusta que las cosas salgan mal con la gente que quiero. Tenía muchas ganas de que hablemos como siempre, de que nos riamos a carcajadas. Quise hablarle pero ¡me odié tanto!, no se me ocurrió qué decirle, me di cuenta de que había olvidado el motivo de la pelea, que no me importaba, no era importante, el motivo de la pelea no era importante. Lo importante y triste era que él estaba lejos y yo estaba cerca y él estaba cerca y yo estaba lejos. A la tristeza se le sumaba un poco de verguenza por habernos, por haberme peleado con él porque es un genio. Esas sensaciones duraron un buen rato hasta que los profesores entraron y con ellos mis compañeros y entre ellos él. Me senté a su lado y todo como siempre. Al rato finalizar la hora, bajamos a que fume su cigarrillo y yo coma mi pancho. Ya estábamos relajados y pudimos charlar un rato. Pasamos de un momento a otro, de estar enojados a estar sonrientes. Pasamos de estar alejados a estar más cerca que antes.
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